PABLO GONZÁLEZ, LA LUZ DE UNA VISIÓN

Conocí a Pablo González hace escasamente cinco meses. No creo que sea tiempo suficiente para recorrer y reconocer todas las caras del siempre complejo poliedro que nos define como personas. Pero a mí me ha bastado para compartir su manera de entender la música y el trabajo que realiza la Asociación Músicos por la Paz y la Integración.

Pablo llegó a España desde Venezuela en el año dos mil como un emigrante más, con el zurrón lleno de esperanza y la imagen de su país, de sus ciudades y de su gente, grabada en el alma.

No era la primera vez que visitaba el Viejo Continente. De hecho, en 1991 había ganado el Premio "Gertrudi Norman" como alumno destacado del Royal College of Music, centro del que sería también profesor asociado. Al viajar a nuestro país, Pablo albergaba la esperanza de mejorar las condiciones de vida y las oportunidades de su familia, a la vez que pretendía trabajar con el maestro Jordi Mora, quien había desarrollado y posteriormente sistematizado junto a Elizabeth Sombart, la teoría de la fenomenología musical.

No venía sin experiencia previa. Como Director itinerante vinculado a las Orquestas Juveniles en su país, Pablo González era muy consciente de la capacidad que tiene la música para tratar los problemas sociales. En cada localidad en la que iniciaba un proyecto orquestal, encontraba siempre el mismo problema: pobreza y exclusión. Frente a este fenómeno, la música se tornaba en instrumento de solidaridad, camaradería, amistad y cohesión social. Bastaba estimular a los alumnos con un buen trabajo artístico y un compromiso sincero.

¿Pretendías reproducir tu experiencia en las Orquestas Juveniles de Venezuela cuando llegaste a Barcelona? Inicialmente no, mi intención era centrarme en la Orquesta Iberoamericana. Pero estábamos viviendo una etapa de inmigración masiva. Y ya entonces había muchas familias con problemas de trabajo precario y paro. Por eso nos decidimos a ayudarles con aquello que mejor conocíamos; la música.

¿Así nació el proyecto Voces y Música para Integración?

Exacto, aunque el éxito que tuvo desde el primer momento nos sorprendió a nosotros mismos. Primero quince niños, luego cuarenta y siete, setenta y tres, hasta los trescientos ochenta y siete que hay hoy … y ¡quién sabe cuántos mañana!. Pero todos vinculados por el sentimiento común de estar saliendo de su particular túnel a través de la música. “Voces” es para muchos una alternativa, por eso debe continuar.

¿Y el proyecto era...?

Enamorarse de la música. Siempre digo que el proyecto de “Voces” depende de los niños de cada espacio (un espacio es el centro en el que se organiza un grupo de alumnos de una zona geográfica concreta N.d.A.), no del profesor o el director. En “Voces” los alumnos tienen tres opciones:

1º Usar la música simplemente como un medio de esparcimiento que enaltece y eleva el espíritu u otro tipo de rasgos de su personalidad. Y eso está bien.

2º Participar de la música en el Coro y la Orquesta de “Voces”, con la actividad académica que supone, cuando se crean en ese espacio concreto.

3º El último paso se produce cuando alguien decide dedicarse a la música. Entonces no basta con participar en “Voces”. Hay que llevar “Voces” a casa y dedicar tiempo, su tiempo, a vivir la música, a enamorarse de la música.

¿Hay ejemplos de este proceso?

Sí. Pienso en varios jóvenes que hoy forman parte de la primera Orquesta de Voces, que empezaron con instrumentos de cartón, que jugaban y disfrutaban dejando germinar y crecer la semilla sembrada de aquel sueño. Valentina, Paula, Mª Gabriela, Lakshmi o Christian, ya tienen un nivel medio de conservatorio, pero comenzaron jugando, cantando, soñando, creciendo y viviendo la experiencia con tranquilidad. Y hoy en día, la música forma parte de sus vidas.

Y en función de todo ello, ¿qué es para ti “Voces”?

Para mí Voces sigue siendo aquel primer día de clase, cuando llegaron 5 o 6 niños con el sueño, aún inconsciente, de hacer música. Un sueño que fueron construyendo poco a poco.

¿Qué les dirías a los padres y madres que se plantean la participación de sus hijos en “Voces”?

Que no es un Taller de Música. Es una actividad de cohesión social en la que el niño se desarrolla como persona y comienza a aportar y colaborar en sociedad. Esto no es una simple teoría. Se lleva a la práctica cada vez que los niños se integran en un espacio, se implican en la preparación de un concierto, aprenden en una clase magistral o interactúan con el resto de sus compañeros. Por eso animamos a los padres a que conozcan la experiencia que viven sus hijos, que se impliquen en esta parte de su vida, que sean parte del entorno de Voces.

¿Cómo han de ser los profesores que colaboran en un proyecto como Voces?

Más allá de su competencia musical, han de ser conscientes de que son una herramienta para contribuir a crear una sociedad diferente, mejor. Pueden ser excelentes intérpretes, directores o maestros, pero si no están convencidos de contribuir de este modo al cambio social, no pueden estar en Voces.

¿Cuál es el modelo pedagógico que aplicáis en la Asociación y en “Voces”?

Musicalmente no hemos inventado nada. Nos limitamos a dejarnos llevar por la belleza implícita de la música, por su perfección, por la transparencia del sonido y el orden rítmico. Cualquier metodología docente que lo consiga nos acerca a la perfección.

¿Perfección?

La música no tiene otro camino que la perfección. Todo ser humano, aunque no sea músico, puede percibirlo. El hombre es sensible a la belleza, al buen gusto, a todo lo que le permite elevarse y trascender como persona. Amar la belleza es comprometerse en el proceso de alcanzar la perfección. Un viaje más que un lugar de destino. Por eso, aunque trabajemos con orquestas de barrio, con objetivos sociales o instrumentos de poca calidad, eso nos compromete con la música, con su belleza intrínseca. Y por supuesto, nos compromete con la demanda de los niños de acercarlos a esa excelencia, a la perfección.

De algún modo parece que hablas de una pedagogía casi “vivencial” de la música.

Sí. Creo en una formación musical holística, que no esté plagada de conceptos, que sea vivencial. Donde cada niño o mayor obtenga un presente, no ya un futuro, en el que sienta, perciba y disfrute de la música. Aunque no tenga una gran formación musical

El sábado pasado explicaba a mis alumnos de Voces la dirección musical de los ritmos en los coros rusos. Una dirección que se creó mucho antes que la escritura musical. Se cantaba gracias al verbo, que ayuda al sonido y le brinda un sentido. Y ellos lo entendieron. Pero después paré la explicación y les hice escuchar completa la Obertura 1812 de Tchaikovsky. Ellos entendieron al autor, se activó en ellos la claridad musical y luego tocaron muy bien. (Entiendo que aquí Pablo González nos cuenta parte de los argumentos de la Fenomenología musical que comparte con Jordi Mora: Por un lado el orden intrínseco de los fenómenos acústicos y leyes físicas que los gobiernan. Por otro lado, la relación entre estos sonidos y cómo los percibe nuestra conciencia, así como los efectos que producen en nuestro mundo emocional. Esta segunda parte “abrió” la percepción de los niños. N.d.A).

¿Qué añadirías como como epílogo de esta entrevista?

En la medida que la música se acerque más a la perfección y sepamos captar su belleza, el trabajo social será más completo. Porque será un alimento constante del espíritu. Y ciudadanos con espíritus más plenos hacen mejor una sociedad. Es una reconciliación con la vida. Y qué mejor para lograrlo que la música.


Pablo Heerdt

Octubre de 2014

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